El envejecimiento se asocia con la disminución de la capacidad física y mental, lo que puede suponer un serio inconveniente para el desempeño normal de las actividades cotidianas, especialmente en edades avanzadas. Las personas que nos cuidaron, pasan ahora a ser cuidados.
En el plano biológico, el paso del tiempo conlleva la aparición de una gran variedad de daños moleculares y celulares, cuya acumulación progresiva aumenta el riesgo de padecer diversas afecciones y patologías.
Según datos de la Encuesta Nacional de Salud de 2017 las enfermedades de larga duración están presentes de forma importante en las personas mayores. La diabetes, la obesidad y la artrosis son patologías altamente prevalentes que pueden suponer un claro problema para la movilidad e independencia del individuo mayor.
Además, otras muchas situaciones van acompañadas de una disminución de la capacidad para desempeñar actividades de la vida diaria por el deterioro de las funciones motoras.
El envejecimiento se asocia con la disminución de la capacidad física y mental, lo que puede suponer un serio inconveniente para el desempeño normal de las actividades cotidianas, especialmente en edades avanzadas. Las personas que nos cuidaron, pasan ahora a ser cuidados.
En el plano biológico, el paso del tiempo conlleva la aparición de una gran variedad de daños moleculares y celulares, cuya acumulación progresiva aumenta el riesgo de padecer diversas afecciones y patologías.
Según datos de la Encuesta Nacional de Salud de 2017 las enfermedades de larga duración están presentes de forma importante en las personas mayores. La diabetes, la obesidad y la artrosis son patologías altamente prevalentes que pueden suponer un claro problema para la movilidad e independencia del individuo mayor.
Además, otras muchas situaciones van acompañadas de una disminución de la capacidad para desempeñar actividades de la vida diaria por el deterioro de las funciones motoras.
El declive funcional experimentado con la edad puede requerir de una adaptación del domicilio, en el que algunas estancias y estructuras pueden suponer un inconveniente para las personas que presentan un deterioro en las funciones motoras y la movilidad.
Estas modificaciones serán necesarias aunque la persona mayor conviva con más personas, pero especialmente si vive sola. No hay que olvidar que en España según el INE más de 2 millones de personas mayores de 65 años viven solas.
De este modo, adaptar el domicilio y suprimir las barreras arquitectónicas, facilitando el acceso y la movilidad en todas las estancias es una acción necesaria que puede mejorar el bienestar y la funcionalidad de la persona mayor, a la vez que previene posibles accidentes.
La adaptación y adecuación del domicilio de la persona mayor tiene que ser acorde a las características del individuo y tener en cuenta su posible evolución en el tiempo. En este sentido, la adaptación del domicilio deberá observar dos aspectos básicos: las propias condiciones arquitectónicas de partida del domicilio y la capacidad funcional de la persona.
La adaptación de una vivienda comprende la modificación del entorno exterior más inmediato y de determinadas características del interior del domicilio, con el fin de facilitar la realización de las actividades cotidianas, disminuir la necesidad de ayuda y prevenir riesgos.
Si se trata de una vivienda en planta alta habrá que revisar la accesibilidad de escaleras, rampas y ascensores.
Los elementos de apoyo son fundamentales en la adaptación del domicilio. Estos incluyen barras de apoyo, alzas en el váter, tablas y asientos de bañera, adaptaciones de las entradas y elementos de apoyo para salvar desniveles y escaleras.
En el caso de las puertas, es necesario tener en cuenta la amplitud, el peso y la facilidad para abrirlas o cerrarlas.
En la entrada de un edificio se deberá valorar la sustitución del tramo de escaleras por una rampa, en función de las condiciones de la persona mayor. Además, la colocación de pasamanos y barras de apoyo en el recorrido hasta el ascensor ayuda a que las personas mayores con dependencia puedan sentirse más seguras a la hora de caminar. La altura de los buzones no debe superar el alcance del brazo.
En el caso de que exista un tramo de escaleras hasta llegar al ascensor, puede ser útil la colocación de una rampa con una pendiente no superior al siete por ciento.
Por otro lado, la duración del encendido de la luz de la escalera debe asegurar una iluminación suficiente durante las subidas y bajadas.
Finalmente, en ambos lados de la puerta de acceso a la vivienda debe existir un espacio libre suficiente. Debe evaluarse la anchura y altura del hueco de entrada, así como las características de los tiradores de la puerta.
Es recomendable instalar un suelo antideslizante y sustituir la bañera por un plato de ducha. De igual modo, es aconsejable aumentar la altura del retrete para facilitar el acceso e instalar barras de apoyo.
La altura de los armarios debe permitir el acceso a los utensilios sin esfuerzo. La instalación de detectores de gas y humos puede ayudar a prevenir accidentes. Por otro lado, pueden ser preferibles las placas vitrocerámicas, ya que al ser planas permiten colocar sartenes y cacerolas de forma más estable.
También la utilización de un carrito puede facilitar el desplazamiento de las comidas a otras partes de la casa.
Finalmente, una buena iluminación y detectar el derrame de líquidos son factores clave para prevenir caídas.
Las mesas y muebles pueden limitar la movilidad. Los sillones y sofás de baja altura dificultan las tareas de levantarse y sentarse, por lo que es aconsejable incrementar su altura con elevadores.
Deben evitarse los cables u otros objetos por el suelo para evitar tropiezos y caídas.
Los interruptores de la luz deben estar visibles a la entrada y junto a la cama, para evitar tener que caminar a oscuras.
Aumentar la altura de la cama y colocar un dispositivo que ayude a incorporarse facilita el trabajo al levantarse y acostarse.
Si hay alfombras, estas deben estar bien sujetas al suelo para evitar resbalones o tropiezos.
Como en el resto de estancias, el exceso de mobiliario no es recomendable, especialmente si se utilizan andadores o bastones para desplazarse.
Los muebles en pasillos estrechos dificultan el paso. La colocación de barras de apoyo puede ser aconsejable, junto con una iluminación adecuada.
En definitiva, la adaptación del domicilio persigue facilitar el acceso y la estancia de la persona mayor, adecuándola a sus circunstancias y limitaciones. Esto permite disminuir la necesidad de ayuda y la prevención de riesgos.
Conseguir que las personas mayores se encuentren seguras y cómodas en su propio hogar debe ser un objetivo al alcance de todos.
En Senniors adaptamos tu casa en función de tus necesidades.