No existe un único cuidador ideal. Por el contrario, el mejor cuidador es aquel cuya formación, experiencia y capacitación está más en consonancia con las características del paciente.
Cuidar a una persona mayor o dependiente significa ayudarle. Para eso es preciso responder a sus necesidades básicas e intentar mantener su bienestar con la mayor calidad y cercanía posible.
Para elegir al cuidador ideal es importante poder realizar una valoración sociosanitaria de la persona que va a recibir los cuidados y de su entorno. De este modo, se podrá llevar a cabo un proceso de selección de forma adecuada en función de cada situación específica.
Este proceso de selección debe realizarse a la medida para que el cuidador o la cuidadora tenga las aptitudes que mejor se ajusten a las necesidades y preferencias de la persona receptora de los cuidados.
Los factores que deben tenerse en cuenta a la hora de seleccionar al cuidador ideal incluyen los siguientes:
Todos estos factores deberán verse reflejados en las características de la persona elegida para llevar a cabo los cuidados: formación, experiencia, especialización y conocimiento de patologías específicas, personalidad, habilidades, disponibilidad, aficiones, preferencias, etc.
Para cuidar bien es imprescindible partir del respeto a la dignidad y autonomía de las personas mayores, considerar sus decisiones y su intimidad y reconocer sus derechos. Además, una buena comunicación con la persona mayor o dependiente puede contribuir a promover su autonomía, evitar el aislamiento y que se sienta más tranquila y confiada. El cuidador puede contribuir de primera mano a todo ello.
La formación de un cuidador o cuidadora ideal puede ser muy diverso. Enfermeras, terapeutas ocupacionales, auxiliares sanitarios, etc., son personas con perfiles de formación que les capacitan para atender y ofrecer ayuda y cuidados a personas mayores y dependientes de manera óptima.
En cualquier caso, el tipo de ayudas y de cuidados deben estar siempre adaptados a las necesidades de la persona que los recibe. En la persona de edad avanzada que goza de un relativo buen estado de salud se debe mantener un nivel de actividad, relaciones sociales e independencia elevados, acordes a la capacidad del individuo.
Por el contrario, en el caso de personas mayores con discapacidad o deterioro notable de la salud (accidente cerebrovascular, Alzheimer, depresión, problemas de movilidad, etc.) los cuidados deben ser más intensivos, con el fin de favorecer su reinserción en el ámbito social y familiar con la mejor calidad de vida posible.
El cuidador ideal siempre tendrá como objetivo ayudar a las personas mayores y dependientes a seguir viviendo en su propio hogar, con una mejor calidad de vida, recibiendo todos los cuidados necesarios, con profesionalidad y cercanía.
Eso es algo que conocemos bien en Senniors. Tenemos el cuidador ideal para cada persona mayor o dependiente con un plan de cuidados a medida.
No existe un único cuidador ideal. Por el contrario, el mejor cuidador es aquel cuya formación, experiencia y capacitación está más en consonancia con las características del paciente.
Cuidar a una persona mayor o dependiente significa ayudarle. Para eso es preciso responder a sus necesidades básicas e intentar mantener su bienestar con la mayor calidad y cercanía posible.
Para elegir al cuidador ideal es importante poder realizar una valoración sociosanitaria de la persona que va a recibir los cuidados y de su entorno. De este modo, se podrá llevar a cabo un proceso de selección de forma adecuada en función de cada situación específica.
Este proceso de selección debe realizarse a la medida para que el cuidador o la cuidadora tenga las aptitudes que mejor se ajusten a las necesidades y preferencias de la persona receptora de los cuidados.
Los factores que deben tenerse en cuenta a la hora de seleccionar al cuidador ideal incluyen los siguientes:
Todos estos factores deberán verse reflejados en las características de la persona elegida para llevar a cabo los cuidados: formación, experiencia, especialización y conocimiento de patologías específicas, personalidad, habilidades, disponibilidad, aficiones, preferencias, etc.
Para cuidar bien es imprescindible partir del respeto a la dignidad y autonomía de las personas mayores, considerar sus decisiones y su intimidad y reconocer sus derechos. Además, una buena comunicación con la persona mayor o dependiente puede contribuir a promover su autonomía, evitar el aislamiento y que se sienta más tranquila y confiada. El cuidador puede contribuir de primera mano a todo ello.
La formación de un cuidador o cuidadora ideal puede ser muy diverso. Enfermeras, terapeutas ocupacionales, auxiliares sanitarios, etc., son personas con perfiles de formación que les capacitan para atender y ofrecer ayuda y cuidados a personas mayores y dependientes de manera óptima.
En cualquier caso, el tipo de ayudas y de cuidados deben estar siempre adaptados a las necesidades de la persona que los recibe. En la persona de edad avanzada que goza de un relativo buen estado de salud se debe mantener un nivel de actividad, relaciones sociales e independencia elevados, acordes a la capacidad del individuo.
Por el contrario, en el caso de personas mayores con discapacidad o deterioro notable de la salud (accidente cerebrovascular, Alzheimer, depresión, problemas de movilidad, etc.) los cuidados deben ser más intensivos, con el fin de favorecer su reinserción en el ámbito social y familiar con la mejor calidad de vida posible.
El cuidador ideal siempre tendrá como objetivo ayudar a las personas mayores y dependientes a seguir viviendo en su propio hogar, con una mejor calidad de vida, recibiendo todos los cuidados necesarios, con profesionalidad y cercanía.
Eso es algo que conocemos bien en Senniors. Tenemos el cuidador ideal para cada persona mayor o dependiente con un plan de cuidados a medida.